Escribiendo mi historia del viernes pasado porque el Efecto Zeigarnik no me deja en paz.
Bluma Zeigarnik, una psicóloga y psiquiatra lituana, descubrió en la década de 1920 que el cerebro humano tiende a recordar las tareas insatisfechas, interrumpidas o incompletas con muchísima más fuerza que las tareas que ya han sido finalizadas. La ia me sugiere que escriba esta historia con inicio, nudo y desenlace para que mi cerebro la coloque en la pila de tareas finalizadas. Y yo, que tengo el superpoder de obsesionarme de inmediato con cualquier cosa que me dispare placer mental, necesito con urgencia que mi cerebro dé esta tarea por terminada.
Todo empieza dos semanas antes del viernes, cuando se anuncia la fiesta a la que yo y mi amigo Fran queríamos volver. Fuimos en mi cumple del año pasado a La Máquina del Ritmo en Bela y la pasamos muy bien y su dj residente, el Flaco Cain nos cautivó. Yo ya venía siguiendo las stories del Flaco y sabía que se venía el anuncio. Ni bien salieron las entradas, compré dos ya que pensé que no habrían frees porque era el aniversario de 6 años de la fiesta. Pero al día siguiente descubriría lo equivocada que estaba. Salieron las invitaciones gratis y en mi sensación de injusticia no me di cuenta que las entradas que ya había comprado podían ser devueltas, lo cual me enteré el día antes en la app de Venti, ya cuando era demasiado tarde. Unos días después me invadiría el pensamiento de que todo conspiraba a favor del evento que me vaciaría de serotonina el cerebro en unas horas y así quedaría fijado en la memoria de mi cuerpo de manera indeleble. En ese momento sólo atiné a sacar dos frees con la esperanza de sumar dos personas más a nuestra travesía y dividir el costo de las dos entradas en 4.
Pasados unos días de ese traspié desafortunado, pasa lo peor: mi amigo Fran me avisa que estaba enfermándose y que le tocaba trabajar al día siguiente, con lo que su probabilidad de asistir al evento se reducía casi a cero. Desesperada, invité personas, primero amigas, luego amigxs de amigxs y luego, rascando el fondo de la olla, a mis matches de Tinder. Pero ese día viernes a las 12 de la noche, habiendo pasado unas horas de nervios con el partido Argentina- Egipto y con todos los motivos pero no las energías para festejar, se confirmó que debería asistir al evento sola.
Pongamos en contexto: picos de cortisol, gritos y socialización, fernet y asado. Todo esto con un intervalo de dos horas antes de empezar a alistarme. Mi cuerpo me estaba reprochando que el fernet no le gusta, que el asado había estado grasoso y que no podía contener ya más emociones fuertes hasta el día siguiente. Lo que mi cuerpo no sabía aún, es que contaría con ayuda química para superar este desgano. Con cansancio y paciencia, me dispuse a prepararme, sabiendo que la fiesta lo ameritaba y que el berrinche sólo me perjudicaría a mi, pero qué me pondría en esta noche congelada? El look elegido fue pura comodidad y capas: jeans ajustados con cancanes, medias y botas, doble top de cancan, uno de mangas cortas y uno de mangas largas, camperita de joggin con capucha y encima mi gran tapado alias frazada móvil.
Al llegar al establecimiento en cuestión, Bela, noto una larga fila que de inmediato mejora mi prospecto. Me había resignado a vender mi entrada, pero justo adelante mio en la fila estaba Daniel, mi ex vecino de al lado de casa de cuando iba al secundario. Mi recuerdo es que Daniel es del mismo palo aproximadamente que yo, pero que puede ser que yo le gustase, lo cual podría representar una molestia. Con toda esta información de contacto presente, lo saludo simpáticamente ya que se encontraba con un grupo de puros varones, justo lo que el doctor me recetó.
Mi ex-vecino Daniel un poco me reconoce y un poco no, luego descubriría que estaba completamente borracho pero en el momento no distinguía si se hacía o realmente no se acordaba de mi, pero esto no me impide ponerme a charlar y preguntarles si puedo quedarme con ellos porque estoy sola. Sin mucha opción ni registro, acceden y les convido chicles para sellar el pacto. Lo mejor? No tenían entradas. Como ya era la 1.30 los free no servían pero les abarataba la inversión. Yo juntaba puntos a lo loco. Me ofrecieron comprarme algo para tomar, les pedí agua. Y así encaramos para la pista.
Llegamos al comienzo del segundo set, la pista estaba llena y yo no quería perder tiempo, saqué de mi bota la bolsita con la Joker verde que había comprado para la ocasión, mordí la mitad y puse la otra mitad en la bolsita. Como yo había llegado para bendecir la noche de estos muchachos, les ofrecí venderles la otra mitad y accedieron. Yo evaluaba los masculinos y me fijé quienes se drogaban porque quizás necesitaría un compañero de mimos y baile. Para mi espanto, minutos después confirmaba que ambos especímenes que habían accedido a drogarse conmigo tenían novia, uno de ellos hacía 6 años! No voy a mentir, me decepciona siempre un poco la existencia de la monogamia, no la termino de entender, me resulta restrictiva y aburrida. Sumado a este fail, mi ex-vecino Daniel no paraba de hablarme y decirme boludeces, repetía cosas e intentaba abrazarme cada dos palabras. Luego de un par de abrazos le dije ya está, estás borracho y pesado. Por suerte pudo reconocer la honestidad y bajó un cambio.
Justo cuando pegamos esa necesaria recalculada, siento el subidón de la Joker, hermoso y limpio, llevándome por encima de cualquier mala situación. La música estaba buenísima y me desconecté de todo excepto mi cuerpo y los sonidos. Igual a mi me pega muy sociable, entonces cada vez que recargaba agua daba una puti vuelta y charlaba y hacía nuevos amigues. Cada ronda que daba desaparecía alguno del grupo. Primero uno, después dos más. Quedábamos Daniel, el de la novia de 6 años y yo y de pronto y sin avisar, Daniel desaparece.
Yo soy una persona a la que le gusta bailar, le gusta drogarse, le gusta disfrutar todo al máximo. Como tal, cuando bailo drogada con una sustancia de la calidad de la que había conseguido para esa noche, es como ver a alguien masturbarse todo el cuerpo. Me agarro me froto me acaricio y me siento la más puta y la más loca. Y todo sin prestarle atención al resto del mundo. Eso era lo mejor de todo, no sólo las sensaciones mejoradas, sino la total ausencia de pensamientos. No estaba ya pensando a quién me iba a besar, si alguien me estaba mirando, cómo me veía, nada. Sólo goce. El chico tenía una novia hace 6 años así que no esperaba nada de él más que compañía.
Peeero (siempre hay un pero), el chico no era ciego, ni tonto, ni de piedra. Él no estaba inmunizado contra mis encantos, mucho menos en ese estado en el que él probablemente también estaba, al menos en parte (recordemos que el fue mitad y mitad con su amigo, quizás un poco más de la mitad incluso). Al principio se manejaba un código de fiesta, común a todos los participantes que se han drogado alguna vez y saben lo que se siente y cómo hace falta tener un otre donde apoyarse un poco, a quien cuidar y que te cuide ofreciéndose agua mutuamente, te ponen sus manos en tus hombros y vos en los suyos, esas cosas. Pero rápidamente ese contacto discreto se empezó a ver traspasando el límite de el compañerismo. De los hombros sus manos pasaron a mi cintura, las mías a sus brazos. La mirada se paseó de arriba a abajo con hambre, para luego detenerse en mi mirada, que endiablada como estaba, siendo sostenida de mi punto más de mujer, le daba el ok para que se acerque. Y se acercó, de a poco, no podría decir en cuantos minutos pasó todo esto, sólo sé que de un momento a otro estábamos cara a cara, nuestras narices tocándose y yo le dije “un beso esquimal” y le acaricié su nariz con la mia, como hacen los esquimales. Quizás fue el impulso que necesitaba, porque en ese momento me dio un beso que me tomó por sorpresa. Un beso corto y rápido pero sentido, con labios. Él supo que me sorprendió porque al separarse, volvió a darme otro. Recordemos que el contenido de la Joker tiene la acción de vaciar por completo las reservas de serotonina del cerebro, este proceso dura aproximadamente de 2 a 3 horas. Y un beso es un proceso que sin ayuda ya libera serotonina en cantidad. Todos estos estímulos combinados, droga, fiesta, gente sincronizada, buenas vibes, música para gozar y un beso, es de las mejores cosas que se pueden experimentar en la vida. Quizás no en el top 5 pero definitivamente en mi top 20 de experiencias más placenteras e incluso trascendentales, incluso ahora escribiendo esto mi cuerpo recuerda y tiembla. Usar más serotonina de la normal se siente más que extraordinario. Esas 2 a 3 horas, sí, ya hablaremos del después.
Todo pasó muy rápido y por eso no siento poder describirlo en detalle, no sé qué vino primero y qué después, porque yo seguía sin pensar, dejando que él guíe hasta donde quería llegar. Un poco me enorgullece lo respetuosa que fui y un poco me reprocho las ganas con las que me quedé, pero respetar a otre es algo de lo que nunca me arrepiento. En un momento me dio vuelta, esperando que la ausencia de boca le baje la tentación, pero se encontró con mi culo y yo lo muevo mucho. Aguantó así un corto tiempo, dándose permiso para frotarse contra mi (una de mis formas favoritas de bailar), y luego se pasó adelante mio. Nuevamente tratando de no ser invasiva, le toqué los brazos y el pecho, le mencioné lo buenos que estaban sus brazos y me contó que hacía lick boxing. Le crucé las manos por delante en un abrazo medido y él agarró mi mano y se la puso sobre el pantalón. Lo que estaba abajo estaba sumamente duro y lo acaricié unos minutos para luego volver a darle su espacio. Una vez más se dio vuelta y me dio un beso. En cualquier posición que nuestros cuerpos se tocaran no estábamos a salvo así que nos separamos y seguimos bailando.
Como dije, no sé en qué orden se dieron las cosas, pero a eso de las 4.30 él me dijo que se iba y si quería compartir un uber. Descerebrada como estaba decidí quedarme esa media hora extra antes que pasar unos momentos más con él, fue una elección basada plenamente en la manija, no recuerdo si también hubo algo de hacerme la copada y la no desesperada. Me quedé esa media hora más y me fui a mi casa reventada, pasé derecho a dormir y de hecho logré dormirme, una vez más la sustancia demostraba su calidad.
Para mi horror, al día siguiente desperté plagada de pensamientos y ansiedad. Mi cabeza no quería pensar en otra cosa que el chico en cuestión.
Aparentemente, en su falta total de reservas de serotonina y dopamina, el cerebro vuelve al momento que quedó asociado al boom químico, que en mi caso era el momento con el chico. Rápidamente lo busqué en Instagram y vi que tenía el perfil privado, si al menos pudiera ver con mis ojos cuanto se aman con su novia, quizás podría desactivar el poder de ese recuerdo. Quedé en no agregarlo a redes, él me lo pidió. Agregué al ex-vecino por si subía alguna historia con él. Escaneé las redes de todos los que estuvieron, y de algunos que no. Nada. Nada de info. Lo busqué en Facebook, donde también tenía casi todo privado y sólo logré llegar a las redes de su papá, que lo que menos tenía era fotos de su familia. Recordé que me había transferido plata, fui al comprobante y saqué su número de Cuit, quizás con eso podía averiguar su dirección y pasar en bici por su casa distraída, pero sólo conseguí una dirección de otra provincia. Hablé con la ia para inyectarle lógica al asunto, y algo me ayudó, pero aún ahora, casi un mes después del suceso (fui escribiendo por partes en distintos días) no puedo quitarle el poder a este relato.

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