Un chabon random que me empezó a seguir en instagram el año pasado me dijo que me ama. Me dijo esto hace más o menos un mes, después de que le cuestioné no haberme puesto me gusta en una foto subida a mejores amigos. Esto importa, porque este amor que predica sólo se manifiesta en respuesta, no tiene iniciativa propia. Él no me escribe ningún día de la semana, no me pregunta por mi vida, mis anhelos, mi historia, no me llama, no tiene absolutamente ningún gesto más que apretar un botón de ❤️ y ocasionalmente algún otro botón más, algun halago de bajo costo en una foto con poca ropa.
Sin embargo, a pesar de su falta de demostraciones y accionar que apoye su supuesto amor, este masculino se infiltró en mi cabeza. Con qué poco se puede poner a volar mi imaginación. Es un arma de doble filo, mi mente es un oasis de posibilidades y hogares, mundos y felicidades que creé y creo para refugiarme de la hostilidad de la realidad. Pero fácilmente se me vuelve en contra, exige contacto con aquel que dijo amarme, pretende amarlo también.
Porque una cosa es entregar el amor que unx tiene, libremente, sin esperar nada a cambio. Otra cosa es engañarte pensando que podés amar una persona sin conocerla. Quizás tu amor es incondicional y no necesita saber a quién ama para entregarse, un poco aniñado, muy poco cuidadoso. Mi amor tiene estrictas bases y condiciones, a nadie quiero que no se entregue, indague, sostenga, cuide, respete, etc. A veces lo dono con generosidad, a consciencia de que es un acto de libre albedrío y una decisión para nada casual y completamente relacionada a lo que entiendo de la vida y cómo quiero que sea mi paso por ella, mi ínfima huella en el mundo. Quiero donar mi amor, en un porcentaje pertinente para que me siga quedando suficiente para mi misma y lxs mixs.
Pero mi mente es susceptible y mi corazón un corcel que al ver el sol poniéndose diciéndole “te amo” quiere correr desbocadamente hacia él y sentirse salvaje y que el viento le enriede las crines y la tierra le rocíe las piernas de polvo. Pervertida es mi mente, las metáforas que inventa para decir guasadas en forma poética denotan la necesidad, no, la desesperación por sentir, sentir siempre, sentir mucho. Decime “te amo” es la carnada ideal, ya no puedo suprimir mis deseos de conocerte, indagar, entregarme, sostener, cuidarte, respetarte. Soy demasiado tierna, demasiado apasionada, demasiado anhelante, deseante, hambrienta de vida.
Lo que menos me interesa es una historia de amor, pero siempre me interesa una historia de pasión, el misterio, lo dicho sin palabras. Creo que vi demasiadas películas, existe esa magia trascendental en la vida real? Con mi corteza pre frontal digo que no, que es todo una jugarreta activada por mis faltas de la infancia, pocas pero igualmente existentes y profundas.
En la realidad yo sé que sólo existen decepciones, que hasta de quien no espero nada, quien llegó sin que lo llamen, me pone frente a frente una vez más con la imperiosa necesidad de amarme a mi cada vez más, adorarme, darme toda esa locura que con tanto entusiasmo esculpo día a día dentro mio.
Salí de acá con tus “te amo” de mentira, salí de mi cabeza y de mis pajas. No estás a mi altura, no entendés mi fe, no compartís mi culto. Podrías tocarme y tu carne sólo recibiría una fracción de lo que tengo para dar, y dejarías marcados tus dedos en mi como tantos otros, para que yo siga encontrándome conmigo, teniendo que enfrentarme, viendome cada vez más cerca de mi.

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